El crimen del Bolo

El domingo 7 de enero de 1912 a las 8 de la mañana una llamada a la policía local en su oficina de la plaza Mayor alertaba de un suceso de gran magnitud que se había cometido en la carretera de Moral de Calatrava frente a la capilla del asilo de ancianos y la bodega de los Ruíz de León. La confusión de los primeros momentos no acertaba a esclarecer los hechos, pero todo indicaba, según el bullicio de la gente que corría a dar parte, que se había cometido un crimen, a plena luz de día y en la calle, en el que habían fallecido varias personas. Minutos después, los agentes de la autoridad (policía y guardia civil desde la plaza Mayor y San Marcos donde se ubicaban sus centrales) se personaban en el lugar de los hechos. Mientras esto ocurría, un joven moreno, corpulento y de rasgos toscos, huía del lugar del suceso sin prisa por la calle de Prim, cruzando el paseo de la Estación y en dirección hacia la vieja Cárcel, cargado con una escopeta de dos cañones sin que recibiera oposición alguna.

Al llegar las autoridades a la calle Torrecillas observaron dos cadáveres tendidos en la mitad de la calzada sobre un gran charco de sangre. Uno era de una mujer de avanza edad y el otro de una joven muy bien vestida y de gran belleza, según todos reconocían. Hechas las primeras averiguaciones e interrogados los primeros testigos, se supo que las muertas eran madre e hija respectivamente. La primera se llamaba Josefa Manzano y la segunda Benicia Tejedo. Ambas eran esposa e hija de Juan Pedro Tejedo un conocido carlista y destacado católico. Todos eran vecinos del paseo de la Estación. El asesino, por su parte, fue reconocido como un joven corredor de vinos, muy aficionado a la caza, llamado Manuel Sánchez Ruíz y apodado el Bolo.

Mientras el juez ordenaba el levantamiento de los cadáveres y la policía y guardia civil contenía a una multitud deseosa de saber qué había ocurrido, otra macabra noticia alarmaba aún más a los testigos allí reunidos. En la Redonda (entonces llamada calle del Infante) varios familiares de las fallecidas habían sufrido también algunos disparos del mismo autor. Y no muy lejos de allí, en las cercanías del viejo matadero, se había encontrado el cadáver del Bolo con un tiro en la sien. Todo parecía indicar que el asesino era un suicida que pretendía zanjar algún asunto pendiente con la familia Tejedo Manzano de esta forma tan vengativa y determinante.

El suceso corrió como reguero de pólvora entre la población. Un continuo goteo de gente frecuentó durante todo el día los lugares del suceso mientras el juez ponía en marcha la investigación judicial. Paralelamente los dos corresponsales locales de los periódicos más importantes de la provincia en 1912, La Tribuna y El Pueblo Manchego, A. Arias y Sacralamo respectivamente, interrogaban a testigos y allegados para redactar los sueltos que llenarían la portada de sus medios y ocuparían un hueco en la crónica negra de la prensa de Madrid del día siguiente. Otra vez más el nombre de Valdepeñas iba a ser escrito en tinta roja.

 

Imagen

 

Suelto repartido en la calles de Valdepeñas el día 12 de enero de 1912 para dar cuenta del crimen del Bolo

 

El suceso no ofrecía complicación alguna. Víctimas y asesino debían mantener alguna relación que era la causa de los crímenes. Según las crónicas que se publicaron en la prensa provincial las rencillas procedían de tiempo atrás. Se sabía que Manuel Sánchez, el Bolo, había pretendido a la bella Benicia Tejedo hacía 6 años. Durante este tiempo fueron novios no sin la oposición de la familia de ella que, según muchos testigos, hizo campaña para que lo abandonara. La relación fue tormentosa, con continuos aplazamientos que, todo parece indicar, enervaban al Bolo. En diciembre de 1911, tras una nueva ruptura, la pareja retomó la relación y la familia de Benicia enterada del acuerdo decidió otra vez separarlos, esta vez de una forma drástica, llevándose a la joven a La Solana a la casa de una tía carnal para impedir que se vieran. El Bolo, que era un novio tenaz, viajó a la Solana en busca de su amada al día siguiente. Una vez allí logró entrevistarse con Benicia y convencerla para que el día 1 de enero huyera de su familia, a la que el Bolo culpaba de su mala relación, y se refugiaría en casa de una hermana de él en Valdepeñas. Llegó la fecha acordada y la familia tras enterarse obligó a Benicia nuevamente a cortar la relación con el Bolo y a que le escribiera una carta de su puño y letra participándole su determinación y el final de lo que habían acordado en La Solana.

Desde el día 1 hasta el domingo 7 de enero que se cometió el triple crimen y suicidio, el Bolo debió ser presó de una de las mayores iras y desasosiegos. Amalia Novés y López de Lerma, bisnieta de Antonio López de Lerma, dueño de una de las importantes bodegas de la época y a la que amablemente entrevistamos hace algunos años, nos refiere como el Bolo era conocido en la casa de sus abuelos por su oficio de corredor de vinos, en concreto medidor. Según le relataron sus antepasados, el Bolo vivía obsesionado por Benicia la cual era, a su vez, conocida de la familia por ser vecina de los López de Lerma en el paseo de la Estación donde tenían la casa familiar y la bodega. Aquellos días de comienzos de enero una y otra vez permaneció el Bolo asomado a la puerta de la calle de la casa y bodega, donde trabajaba ocasionalmente, con el objetivo de buscar algún encontronazo en la calle con Benicia. Aquella situación alertó a muchos compañeros de su trabajo (alguno de los cuales aparecen en la fotografía) que animaron al Bolo a desistir de su empeño de volver con la joven debido a su morbosa obsesión.

La cercanía de la casa y bodega de los López de Lerma con la residencia de Benicia y su vigilante presencia en el paseo de la Estación día tras día permitió al Bolo estar atento aquella mañana del 7 de enero. Es muy probable que se encontrara trabajando esa madrugada en la bodega cuando, y esta vez sí, la viera pasar acompañada de su familia (al menos de sus padres y una prima hermana) camino de misa a la capilla del asilo de ancianos.

Todo debió estar planificado. El Bolo armado con una escopeta de dos cañones y en su interior oculta una pistola del calibre del 12, embozado en una capa que le servía para guarecerse del frío y ocultar las armas, se apostilló en un recodo de una fachada de la calle Torrecillas (que hasta hace unos años se podía observar frente a la fachada del asilo) a la espera de la salida de misa de la familia Tejedo Manzano. Eran las 8 de la mañana cuando el Bolo desde su guarida observó a Benicia y a sus padres salir de misa y dirigirse todos, de frente hacía él, según estaba posicionado, con dirección a la calle de Prim. Al confrontarse con ellas y descubrirse de la capa, según algunos testigos refirieron, madre e hija gritaron: “¡El Bolo!” y seguidamente disparó a quemarropa primero contra la que había sido su novia, a la que hirió en el cuello, y después contra su madre a la que penetró con la escopeta una bala en el pecho. El padre pudo huir antes y refugiarse en la puerta del cercado y bodega de los Ruiz de León frente a la cual se desarrollaba el drama. Benicia, aún herida de muerte, se incorporó para implorar misericordia, lo que provocó que su asesino le asestara nuevamente otra bala en el pecho.

Terminada la macabra hazaña, el Bolo se encaminó armado por la calle, según coinciden todas las noticias, sin oposición alguna, en busca de más familiares, a los que acusaba de su ruptura con Benicia. Minutos después llegaba a la casa de una hermana de la fallecida en la Redonda esquina calle Caldereros. Cargó nuevamente la escopeta y una vez allí llamó a la puerta. Su hermana, llamada Dolores, al ver al Bolo armado de pie en el dintel de la puerta huyó hacia el interior de la casa. En la escalera y de espaldas le propinó dos disparos uno en el muslo y otro en el recto. No murió al instante, pero sí a los pocos días. El asesino abandonó la casa y cargó nuevamente la escopeta para dirigirse a por otra víctima en la misma calle. En esta ocasión las noticias no concuerdan. Según el corresponsal de El Pueblo Manchego se dirigió a casa de un tío de Benicia, el destacado carlista José María Tejedo que, puesto en antecedentes por alguien, se asomó a la puerta de la casa momento en el que desembocaba el Bolo quien apuntó a la puerta sin puntería para ir a dar la bala al quicio. Seguidamente continuó andando armado hasta que pocos metros después, cerca de lo que se denominaba el jardín de las monjas, tras la ermita del Cristo, se encontró con su amigo Gabriel Cejudo, quien logró convencerlo para que le dejara la escopeta. Sin embargo, según el corresponsal de La Tribuna, fue a otra hermana, llamada Carmen y que vivía en la misma calle, a la que no consiguió alcanzar con la bala. Sea como fuere, terminada su macabra hazaña, el Bolo se encaminó hacia la cárcel del partido y junto a ella en las eras altas del matadero, ahora Calle Acera del Cristo, puso fin a su vida disparándose un tiro en la sien derecha con la pistola que llevaba escondida en su interior.

Eran las ocho y media de la mañana de un 7 de enero de 1912. En 15 o 20 minutos se habían cometido tres asesinatos y un suicidio. Al día siguiente, se celebró el entierro de las dos fallecidas, madre e hija, muertas, según reza en la partida de defunción, “por lesiones producidas por arma de fuego”. Sin embargo, no existe partida de defunción del Bolo, como si la historia, por ser un suicida asesino, hubiera querido borrar su nombre de los libros. Como sugería A. Arias, corresponsal de El Pueblo Manchego “Todo da a este crimen un aspecto tal, que no tiene precedentes en este pueblo, y quiera Dios que hasta se borre de su memoria”. Pero no pasó ni un mes y aquella misma calle que vio bajar al sanguinario Bolo armado en dirección a su suicidio presenció el apuñalamiento de Ignacio Ruiz-Olivares, pero esto ya es otra página de la  historia negra de Valdepeñas.

Carlos Chaparro Contreras

 

Anuncios

Acerca de Carlos Chaparro Contreras

Documentalista de oficio e historiador de formación con interés por la historia local Ver todas las entradas de Carlos Chaparro Contreras

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: